Me escapo de la sombra que ronda y me rodea
como un líquido oscuro que avanza en avalanchas,
me escapo al fin y campo por la luz a mis anchas
como campa la guerra rondando en la azotea.
No hay ilusión que no quepa entre estos pobres huesos
que apenas se recubren de una carne mugrienta;
la vida agazapada resiste y se violenta
a fuerza de empujones y a costa de mis besos.
Nacen hoy nuevamente esas voces que antaño
vienieron a colmar la sed de mi garganta,
se enroscan retorcidas a mi boca que canta
sin temor a la bestia que quiere hacerles daño.
Luz, sólo tengo luz para enfrentarme al mundo,
y frenar el vacío que inunda los pasillos,
sólo tengo las luces llenando mis bolsillos
con vocación de ángel salvador y fecundo.
© Juan Ballester
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Está fechado en noviembre de 1995.
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