jueves 10 de diciembre de 2009

Poema para un día cualquiera

Te escribo este poema porque me da la gana,
porque sí, porque quiero, porque me ha apetecido,
porque es viernes o lunes, o cualquier otro día,
porque hace sol o llueve, porque es octubre o marzo.

¿Qué razón ha de haber, quién podría impedirlo,
evitar que los versos fluyan hasta tu encuentro,
quién podría ponerle freno a mi corazón,
mordazas a mi boca, grilletes a mis manos?

Te escribo, sí, un poema que no trata de nada
o que quizá, quién sabe, trate también de todo,
de tu voz, de tu risa, de tu piel, de tu ombligo,
de tu pelo y tus ojos, de tu vientre y tus uñas.

Sé que no dice mucho, que está lleno de viento,
que parece un papel de renglones torcidos,
mas no hay frases ni versos que puedan abarcarte,
ni palabras ni sílabas para expresar tu rostro.

Te escribo pues y lo hago esta tarde corriente,
cuando en los calendarios no es martes ni domingo,
ni es abril ni es agosto ni los relojes vuelan
y el silencio es tan sólo un beso entre paréntesis.

© Juan Ballester

martes 8 de diciembre de 2009

El sapo y la princesa

¿A qué puedo aspirar, pobre de mí, batracio,
sin suerte y sin fortuna, en pos de una princesa?
¿A qué, si apenas quedan manjares en mi mesa,
si vivo en una choza en lugar de un palacio?

¿Qué puedo pretender, yo, despreciable rana,
desde mi humilde charco, húmedo e insalubre?
Si apenas tengo un techo y un trapo que me cubre,
¿cómo puedo soñar con ser feliz mañana?

¿Cómo intento alcanzar, -yo, simple animalucho-,
un baluarte sagrado, un territorio hostil?
¿Cómo puedo urdir planes, ser tan abyecto y vil,
qué hechizo me ha embrujado, a qué demonio escucho?

¿Qué hago escribiendo versos, negando que soy sapo,
a una mujer que incluso ignora este tormento?
¿Cómo soy aún tan necio de creer en el cuento,
que ha de bastar un beso para volverme guapo?

Me he de quedar sin habla, chapoteando en el lodo,
fantaseando en secreto con salones y alfombras
hasta que poco a poco me devoren las sombras
y todo lo que quede sea un recuerdo, todo.

© Juan Ballester

domingo 6 de diciembre de 2009

La merienda

¿Qué he merendado hoy, que toda la nostalgia
parece visitarme, recorrerme cruelmente?
¿Qué he comido, qué fue, para que ahora tenga
esta arena en la piel, este oscuro pasillo?

¿He merendado nubes, o acaso vertederos,
o quizá dos billetes rumbo a ninguna parte?
¿Fue que soñé con gatos, que mordí las estrellas,
que comprendí a los locos, que me herí con un verso?

No sé si pudo ser el calor, las campanas,
el pañuelo arrugado, la escarpia tras la puerta,
si fueron las canciones que jamás he escuchado
o simplemente el viento que me dejó una carta.

No sé lo que he tomado para volverme oscuro
justo cuando debía dialogar con los árboles,
pero ahora me siento como arroyo sin lengua,
como volcán sin manos, como piedra sin dedos.

He merendado hogueras, polvo de los casinos,
aulas sin estudiantes, juguetes destrozados,
tal vez zumo de arañas, licor de despedida,
ventanillas de banco o camas de hospitales.

Esta tarde me encuentro lejos de las alondras
y no sé qué he comido, qué me ha sentado así,
miro pasar dos coches, escribo este poema
y hasta le pongo fecha: Madrid, tantos del tal.

© Juan Ballester

Escúchalo recitado en mi propia voz pinchando aquí:

http://www.goear.com/listen/a49eab4/La-merienda-juan-ballester

viernes 4 de diciembre de 2009

Tobogán [eternal circle]

Mi vida es un constante sube y baja,
un tobogán de luces y de sombras.
Igual estoy feliz que me entristezco,
unas veces soy libre, otras esclavo.

Subo hasta el verso, escalo hasta unos labios,
llego a la flor oculta y al querube;
bajo después rodando hasta el silencio,
hasta el hambre voraz del almanaque.

Subo a la risa, bajo hasta la lágrima,
de nuevo me encaramo a la amapola,
desciendo bruscamente hasta quedarme
como los trenes llenos de preguntas.

Trepo hasta el sol, me caigo hacia los peces,
asciendo una vez más como los pájaros,
me desplomo sin nombre y sin garganta
hacia el confuso reino de mí mismo.

Siempre subir, bajar... siempre dos rostros,
alfa y después omega, fuego y agua,
siempre mendigo y rey de lo improbable,
con vocación frustrada de ave fénix.

© Juan Ballester

miércoles 2 de diciembre de 2009

Fe de erratas

Donde dije "dolor" diré "consuelo"
y donde puse "llanto" pondré "risa";
en lugar de "tormenta" será "brisa"
y aquello que era "infierno" que sea "cielo".

Lo que llamé "tropiezo" llamo "vuelo"
y cuando hablé de "urgencias" es "no hay prisa";
"libertad" cambiaré por "cortapisa"
y "conciencia tranquila" por "desvelo".

Tacho "vergüenza" y que se lea "orgullo"
reemplazo "la espina" por "la rosa"
y "lleno" sustituye a aquel "vacío".

Escribo "avanzo" donde puse "huyo",
quito ese "fea" y pongo a cambio "hermosa",
y donde conste "ajeno", diga "mío".

Y no es un mal avío
poner por fin un "vive" en vez de un "mata"
y limpiar del poema tanta errata.


© Juan Ballester

martes 1 de diciembre de 2009

Cuando la luz me falte

Cuando la luz me falte
enterradme en sus brazos,
no en el suelo o en el agua ni en el cielo,
sino junto a su pecho.
Que nadie nos separe,
que nadie intente hacernos diferentes,
yo quiero descansar entre sus senos
tantas veces amados.

Cuando el latir se acabe
y no pueda besar sus labios complacientes,
enterradme en su rostro
donde las flores crecen cada día,
donde un verdor inmenso se adueña de sus prados
y los pájaros trinan la hermosura
de sus ojos.
Ponedme
de cara a su sonrisa,
de cara a sus palabras y a sus actos
y así no moriré
aunque ya me haya muerto.

© Juan Ballester

sábado 28 de noviembre de 2009

Poema del trueno

Matón de las alturas, insolente,
catarata que ofende los oídos,
vozarrón que amedrenta hasta los nidos,
perseguidor de rayos persistente.

Gamberro de los cielos, delincuente
recitador de eructos y gruñidos,
ogro que llena el aire de alaridos
y que rompe a llorar como una fuente.

Perturbador de nubes, roba-sueño,
temblor que hasta a las piedras amedrenta,
tirano sin razón porque habla a voces.

Pregonero escapado de su dueño,
muchedumbre sin pan que se violenta,
pegaso que al volar reparte coces.


© Juan Ballester

jueves 26 de noviembre de 2009

Poema del rayo

Sacacorchos de fuego malherido
que ilumina la noche con su furia,
grito sin voz que sin embargo injuria,
heraldo del espanto sin sonido,

lengua de destrucción, como un latido,
orgía de los cielos que es lujuria,
látigo del dolor y la penuria,
monstruo que anuncia lágrima y gemido.

Serpiente que amenaza el firmamento,
tirano sin pulir, de un solo trazo,
luciérnaga violenta que arrebata.

Instante de pavor que asusta al viento,
ráfaga de silencio, ramalazo,
irrefrenable espasmo que nos mata.
© Juan Ballester

martes 24 de noviembre de 2009

Ejercicio

Triste papel en blanco donde naufrago
una noche tras otra, a la deriva
bebiéndome los versos trago tras trago
hasta dejarme el alma en carne viva.

Escribir... Duro oficio, ardua tarea,
inútil ejercicio, vano alimento,
espiral sin retorno que me marea,
corona de laurel que lleva el viento.

Cuántas horas de sueño desperdiciadas,
cuánta tinta llorada inútilmente,
cuántas veces mis dedos fueron espadas
tratando de encontrar nueva simiente.

Triste página en blanco, triste castigo,
pedernal que me astilla, que me magulla,
que me hace decir cosas que no las digo,
que me atrapa en sus redes por más que huya.

© Juan Ballester

domingo 22 de noviembre de 2009

Pájaros en la cabeza

Ahí están nuevamente, llenando cada instante
de unas raras cosquillas y un gesto inexpresivo,
renovando mis ansias de seguir adelante
gritando, porque puedo, que existo aún, que vivo.

Suenan como burbujas, flotan como algodones,
invaden mi cabeza y adormecen mis canas,
los escucho al vestirme, al abrir los cajones,
al tenderme en el lecho, al nacer las mañanas.

Son pájaros, no hay duda, trinan en mi cerebro
con invisibles notas de color y de plumas,
ellos son la alegría, el tiempo que celebro,
la luz que difumina mis permanente brumas.

Fantasías, proyectos, tal vez sólo locura,
quizá sólo recuerdos de lo que nunca tuve,
cantos sin voz que abren la férrea cerradura
de esas penas que siento blandas como una nube.

Ahí están nuevamente, alados inquilinos,
trozos de lo que he sido, fantasmas de mi ausencia,
guardianes de esos sueños que pueblan los caminos,
pájaros, simples pájaros, vestidos de inocencia.

© Juan Ballester

viernes 20 de noviembre de 2009

Poema con forma de costilla

Se perderán los ojos.
Se quedarán perplejos contemplando
el profundo latir de los vencejos
describiendo en el cielo
imágenes que afloran por profundos barrancos.

Se quemarán los párpados, los rostros
de los que ya no gritan,
de los que ni siquiera se alimentan
de sórdidas visiones al borde del insomnio.

Se arrasarán de llanto las pupilas
como piedras lanzadas en plena primavera,
y se irán simplemente
a confundirse luego con los que nada saben
de rojas epidemias.

Se secarán los ojos como lobos revueltos
fatigados de tanto
buscarse en el silencio cristalino,
y un lecho de hojas secas
cubrirá torpemente su impalpable ceguera,
su bienestar eterno.

Se perderán los ojos
antes de que las nieves se invadan de negrura,
antes de que las piedras aúllen su inocencia,
antes de que se ponga
la máscara interior que adormece los campos.

Se quedarán vacíos,
anudados al mar de los recuerdos.

© Juan Ballester

jueves 19 de noviembre de 2009

Los secretos del banco


Este banco olvidado,
húmedo y quebrado,
de aspecto tan lamentable
es lástima que no hable.
Si pudiera, cuántas cosas nos diría,
cuántas anécdotas contaría.
Qué secretos guardará este asiento,
este banco oxidado y macilento,
cuánto descanso de vagabundos,
citas de trotamundos,
reposo del cansado,
soledad del marginado,
lectura del ocioso
o del estudioso.
Lleva en su espalda grabado
el mensaje de algún enamorado,
tiene signos de haber sido antes
cama para los emigrantes,
distracción de los gorriones
o reunión de ladrones.
Recuerda mucho a ese otro Banco
con su fachada de blanco
en donde se guarda el dinero,
pero a éste lo prefiero
porque es más entrañable.
¡Qué pena que no hable!
De cuánta vida será testigo
este buen amigo,
cuánto soñador solitario
se habrá sentado a diario
siguiendo una vieja costumbre
en su madera y su herrumbre.
Cuántas citas amorosas,
cuántas rimas, cuántas prosas
se habrán gestado en su seno
aunque esté de polvo lleno.
Y ahora, el Ayuntamiento
sin ningún miramiento
ha decidido mandarlo al desguace
para que otro le reemplace.

Pobre banco envejecido y feo,
ni siquiera te mandan a un museo;
tú, de aspecto tan arcaico,
tendrás final más prosaico:
tu asiento de madera
arderá en una hoguera
y tus corroídas barras
serán las reinas de las chatarras.

© Juan Ballester