Tu amor se me ha subido a la cabeza como un licor maldito.
Me embriaga en sensaciones, en pensamientos, sueños, donde tú te apareces como un fantasma bueno para ahuyentar aquello que no sea seguir pensando en ti.
Recorro la ciudad haciendo eses, escribiendo tu nombre por cada callejuela, repartiendo sonrisas igual que caramelos con sabor a tu rostro, con sabor a tus manos.
Tu amor se me ha metido hasta los huesos como un dulce veneno.
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