lunes, 10 de marzo de 2014

Tres sin dos

Regreso a casa sucio y fatigado,
sin ganas de dormir. Te necesito.
La noche nos separa
por más que piense en ti constantemente.

El reloj da las tres, pero sin sueño,
y parecen tres clavos en medio del silencio.

Fumo y escribo y pienso y te imagino
pero hay tanta distancia y es tan larga esta pena
que no me quedan lágrimas para darte mis versos.

Vuelven a dar las tres, pero sin ganas
y todas mis venas se han vuelto palabras.

Tengo la boca seca
y mis manos parecen dos balsas que se hunden,
dos velas que se apagan, dos raíces sin árbol,
dos arañas que esperan devorar un poema.

Siguen dando las tres, pero sin suerte
y parecen suspiros por esos ojos verdes.

Me revuelvo en el lecho vestido con tu ausencia
escuchando el recuerdo de estas horas gastadas,
me revuelvo y espero
que las tinieblas cubran finalmente mis párpados,
que se apague la herida aquí en mi mente.

Pero ya son las tres, y me resigno
a amanecer sin ti, solo y perdido.

© Juan Ballester