miércoles, 18 de agosto de 2010

arte poética

yo tenía el viento atado a los ojos,
como un animal salvaje que, hambriento, me devoraba.
tenía en las manos el peso muerto de las palabras
y sobre el alma una losa oscura machacaba mi voz.
yo tenía la fuerza pero andaba caminos sin futuro,
gastados ya y sin flores, con pájaros fosilizados
por cuyos trinos nadie parecía mostrar interés alguno.

ahora me siento libre.

yo tenía la noche prendida en cada palabra que pronunciaba,
el miedo vigilando rebeldías,
el orden que durante cientos de años fue imponiendo su ley,
pero que ya era tiempo de cuestionar como se cuestiona aquello que uno no entiende.
tenía la pobreza metida entre los huesos tan profundamente
que todo me sabía a mendrugo, a piltrafa, a queso rancio
sin poder siquiera dárselo a roer a los ratones.

ahora me siento libre.

libre porque puedo tocar todas las notas de mi cítara,
libre porque las flores de mi jardín tienen más tonalidades,
libre porque las aguas en que me sumerjo son más claras y limpias,
libre en fin porque el verbo fluye dentro de mí a sus anchas.

yo tenía el silencio encerrado entre cuatro míseras paredes,
el hastío en la boca que me oprimía como una mordaza,
el tiempo detenido en algún pliegue del cerebro
y un vértigo hacia dentro que destrozaba cualquier posibilidad de éxito.

pero ahora soy libre y vuelo más ampliamente
y cada verso me nace con un pan debajo de los dedos,
con una tierna hogaza que me abre el apetito,
con un ramo de flores fragantes y multicolores,
con un trozo de alma dispuesto a contagiarme su ternura.

ahora me siento libre sabiendo que no hay cadenas,
que todo lo que diga o escriba no podrá ser tomado mi contra,
sabiendo que por fin, aquí y ahora,
soy solamente un corazón sensible y desnudo que palpita poesía.

© juan ballester

1 comentario:

Maribel Pont dijo...

Enhorabuena por tu blog! Te invito a visitar mi cofre de la imaginación. Un saludo