jueves, 19 de julio de 2012

La ciudad dormida

Y tu ciudad se duerme cada noche esperando
que regreses al fin, que vuelvas a su seno;
se acuesta con la pena de sentirte tan lejos
que hasta las golondrinas no visitan a Bécquer.

Y tu ciudad palpita al ritmo de un recuerdo,
de un rostro, una palabra, una mirada ausente
y hasta el cielo parece que brilla de otra forma
y hasta el agua ha cambiado su aliento de guitarras.

Y tu ciudad se cubre de versos nunca escritos,
de sílabas que hieren lo profundo del alma
que de día parecen ángeles derribados
y en la noche resuenan como la voz del ebrio.

Y tu ciudad se muere si le faltan tus manos,
si no encuentra a diario el pan de tu presencia,
se muere lentamente esperándote, amada,
amada que has cambiado tu corazón por mí.

© Juan Ballester

1 comentario:

Ana Álvarez dijo...

No recordaba este poema... ¡Cuántos recuerdos querido Juan! Al final mi ciudad volvió a acogerme, a abrazarme, a invadirme con sus olores y colores, y a curar el corazón herido que traje de vuelta.
Un beso inmenso.