jueves, 10 de marzo de 2011

Pensando en la dama

Últimamente pienso demasiado en la dama
y no será por viejo, pues medio siglo es poco.
El caso es que me encuentro calentándome el coco
y mi salud maltrecha brinca de cama en cama.

Me roza, mas la esquivo, o al menos eso creo;
quizás la puntería sea su punto flaco
y así me voy librando de tan horrendo atraco
no sé si por ser torpe, por ser bueno, o por feo.

Me consta que visita lugares que frecuento,
que se lleva a parientes y a tipos de la calle;
me conoce de sobra, no se pierde detalle
y sé que no le importa cuando me ve contento.

Quizá le caigo bien, quizá hasta le doy pena
o es que juega conmigo, y eso le divierte;
nadie sabe sus gustos, cómo reparte suerte,
no respeta la siesta, ni el placer, ni la cena.

Qué dama tan voluble que nunca hace preguntas
ni tiene sentimientos ni entiende de apellidos,
ladrona que anda hurgando, rapiñando los nidos
hasta dejarlos mondos, como estrellas sin puntas.

Últimamente trato de no darle ventaja
y cuido que mi espalda siempre esté bien cubierta,
pues no tendría gracia ver mi nombre en su puerta
ni que arrojen mis restos al fondo de una caja.

Sigue esperando, amiga; aún he de peinar canas,
de perder varias muelas y mojar los pañales.
Ya conozco tus gustos, te he visto cuando sales
y, oye, que no, que paso: ¡que aún no tengo ganas!

© Juan Ballester

1 comentario:

Alicia María Abatilli dijo...

Es coqueta, eso creo.
Por eso cuando crees verla se esconde pero siempre algo muestra, sin ser totalmente ella.
No te persigue, Vives.
Eso la pone mal.
Un abrazo, Juan.
Alicia