martes, 3 de mayo de 2011

De cara a la pared


Muchas veces me pongo de cara a la pared,
como si fuera un niño que recibe un castigo,
y me siento un ausente, como muerto, ya digo,
sitiado por el hambre, cercado por la sed.

Es como si la vida huyese de mi entraña,
como si una mordaza se anudase en mi boca,
y no puedo gritar porque soy una roca,
ni repartir ternura vestido de alimaña.

Qué sensación de angustia, de vacío, de hueco,
cuando miro mis manos y sólo encuentro espinas,
qué especie de vergüenza, qué bochorno estas ruinas,
verme así -yo que fui hombre- convertido en muñeco.

Y sin embargo, todo parece ir sobre ruedas,
-matrimonio feliz, un hogar, un trabajo-,
llenando de sonrisas lo que el azar me trajo,
poniendo mil colores en las amplias veredas.

Muchas veces me impongo un castigo a mi mismo,
me impongo una condena, hipoteco las risas,
el tiempo se me escapa y me vencen las prisas
y al tratar de subir se acelera mi abismo.

Y, en fin, siento que pago deudas antiguas, fallos,
silencios que no dije, palabras que callé,
y deambulo sin rumbo, sin ilusión, sin fe
mientras, en los bolsillos, mis puños son dos rayos.

© Juan Ballester

1 comentario:

Rosie M. dijo...

Esta poesía me ha impresionado y sorprendido. Sé que muchas personas se identificarán con la situación y los sentimientos vertidos en el poema.